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Compartir Nos Hará Libres

En un contexto abrumador y desesperanzado de individualismo creciente y galopante, me siento en la necesidad de aportar más y más reflexiones y acciones para el sentido común, para el bien común, para la acción en común, para los sueños en común y para la vida en común.

Parece que estamos muy intoxicados de los valores individualistas del “sálvese quién pueda”, de competir para “ganar”. Nos ha abducido la depredadora y violenta cultura yanki del “ganador” y del “perdedor”. Vemos “natural” el darwinismo social y económico, con sus expresiones políticas, culturales, militares y demás ámbitos de la vida.

Y de la mano de esa diabólica escala de valores, de esa “cultura”, dicho sea en su acepción antropológica, no está viniendo nada bueno. La inmensa mayoría de las guerras del mundo tienen su origen en la idea de no compartir, de expoliar, especialmente fuentes de energía y minerales, agua o alimentos. Hay guerras de baja intensidad (económicas y militares) y otras de gran intensidad y mayor impacto. Y parece que nos conducen a nuevas y más cruentas barbaries.

No hay más que ver la inhumana y vergonzosa tragedia de las personas refugiadas que huyen de las guerras, de la precariedad, de la persecución. A quienes no somos capaces de acoger, estructural o personalmente.

Y también debiéramos ver a nuestro alrededor, en nuestros entornos familiares, afectivos, vecinales, barriales. Hay creciente necesidad, y una creciente precariedad y deterioro de vida por empobrecimiento de muchas personas y enriquecimiento de unas pocas, a costa de esas muchas.

Conocemos algunos casos de esa vecina que cocina “comunalmente” para que puedan comer caliente sus vecinas de las puertas de al lado. También de cómo le echamos un cable, en forma de compra de alimentación y ropa, e incluso libros de texto, a familiares y amistades. Son pequeños gestos de compartir, que tienen un impacto positivo elogiable, y especialmente valioso en un contexto tan hostil y egoísta.

Afortunadamente, se abren paso reflexiones, propuestas y conductas habituales y estructuras que apuestan por compartir.

Sinceramente creo que el dilema es radical: compartir o barbarie. Sólo compartir nos hará libres.

Compartir tiene un amplio abanico de interpretaciones y concreciones.

Compartimos espacios, paisajes, sueños, bienes, servicios, anhelos, sueños, luchas y también dolores y sufrimientos, e incluso celebraciones y fiestas, de forma simultánea o alternativamente.

Colaborar, cooperar, compartir, son verbos (procesos) del mismo campo de valores y significados. Se practican (se participan) desde la necesidad, desde el sentimiento o desde la racionalidad. Pero como los viajes, se sabe como comienzan, pero no cómo ni dónde continuarán o terminarán. Hace falta atreverse a, es decir, un poco de audacia. Así (se) cambian las cosas.

Las grandes hazañas sólo son la suma adecuada de multitud de pequeñas acciones y aportaciones, anónimas en su gran mayoría. Porque más allá de personas (y personalidades) que puedan liderar procesos, invitar a propuestas visionarias, conmover con impulsos libertarios, de cambios profundos, nada funciona sin esa red capilar de hormigas del cambio, que encarnan, construyen y anuncian el porvenir de cambio.

Por eso, hay personas que han re-inventado lo de compartir vehículos (y charlas y risas) para viajar colaborativamente, de forma más buena, más bonica y más barata. Y también quienes han impulsado el trueque de viviendas para vacaciones, o el ofrecimiento de sofás (o habitaciones) para hospedaje colaborativo. Incluso quienes comparten espacios de trabajo (coworking). O algo tan extendido como las viviendas compartidas (por diversas necesidades: migración interior o exterior, traslados laborales, precariedad), que tienen una singular expresión en los espacios de convivencia para la vejez o la diversidad generacional (cohousing).

Florecen las Cooperativas de Consumo (e incluso Producción y Distribución) en los ámbitos de las energías y de la telefonía móvil. Crecen a ritmo fuerte la banca ética y las finanzas cooperativas. Ya las había de alimentación sana.

También conocemos cómo se comparte el conocimiento y las tecnologías libres (software libre, hardware libre, entre otras). O como se ofrecen y demandan ficheros de audio y video, de texto, en muchos casos desde licencias o autorizaciones expresas.

Podríamos seguir con los ejemplos de Cooperativas Integrales, Ecoaldeas, Huertos Compartidos,….e incluso con los más de cinco centenares de ejemplos de monedas sociales, bancos del tiempo y similares que no son más que formas de trueque multirrecíproco, que tan sólo (nada más y nada menos) transitan del yo al nosotras, de la competición a la colaboración, y también del hiperconsumo al consumo responsable, a la economía colaborativa con una visión global, pero una construcción anclada en lo local, en las comunidades, en las necesidades de las personas.

Desde el comienzo “oficial” de la Spanish Revolution, el 15 M de 2011, todos estos campos de actuación de la Marea del Cambio, nutriéndose de indignación, esperanza y creatividad, están conociendo un desarrollo importante, como tendencia de fondo, con sinergias retroalimentadoras, desde el apoyo mutuo, que incluyen incluso el nacimiento (como nueva herramienta que se suma al resto) de nuevas formaciones políticas que, cada cual a su manera, son expresión de todo este magma en erupción.

Y esas nuevas herramientas nos han enseñado a colaborar con microcréditos para no depender de los bancos convencionales, brazo armado de las élites financieras diabólicas.

En estas cuestiones, como en muchas otras, si no somos parte de la solución, somos parte del problema.

Por tanto, cabe que nos auditemos honestamente, para ver cómo podemos cruzarnos, más temprano que tarde, a la acera del cambio, con pequeños gestos cotidianos en nuestro consumo, con pequeños pasos en nuestra vida, para que colaborar, cooperar y compartir, sean el futuro que empieza ahora.

Las gotas de agua, si van unidas, formando ríos, llegan al mar.

A por el mar, que ya se adivina, fruto y semilla de libertad.

En los aledaños de Sierra Espuña. Año de nieves, año de bienes.

Vicente Cervantes. 18 enero 2017