Parece que estamos muy intoxicados de los valores individualistas del “sálvese quién pueda”, de competir para “ganar”. Nos ha abducido la depredadora y violenta cultura yanki del “ganador” y del “perdedor”. Vemos “natural” el darwinismo social y económico, con sus expresiones políticas, culturales, militares y demás ámbitos de la vida.